El deporte en general, y el fútbol también por supuesto, son formas de hacer buena publicidad hacia fuera de un país (en competiciones internacionales) y de paso unir a su población, véase la película "Invictus" que relata la estrategia de Nelson Mandela para con la Copa del Mundo de Rugby en Sudáfrica. Nosotros no hemos llegado a campeones pero la autoestima general anda subida estos días.
Un detalle de cómo se puede cambiar la imagen-país: la prensa deportiva internacional, especialista en buscar apodos a los equipos, ha llamado profusamente al equipo colombiano "los cafeteros". Y esto en un progreso, sí señor. Y no es que la selección tenga mucho de cafetera: Mejía, Teo y Bacca son de aquí, de Barranqulla, un lugar con lindas vistas al Caribe pero sin mucho cultivo de café. Lo mismo vale para Armero: de su Tumaco natal se verán lindas vistas al Pacífico pero ningún arbusto cafetero. Zúñiga es del Urabá (ricas bananas pero cero café) y el nuevo ídolo del país, James Rodríguez (pronúnciese ['xames] y no ['djeimz]) es cucuteño, linda y caliente tierra, que uno no relaciona inmediatamente con los cafés. Pero bueno, más vale que nos visualicen paseando tranquilamente montados en el burrito de Juan Valdez en un paisaje verde y neblinoso que no de secuestradores y narcotraficantes, como no poca gente nos tiene visualizados. Al final es por esto que la gente aquí ha sido tan feliz de que llegáramos lejos: nuestra selección ha mostrado una cara bien linda y amable del país con un excelente juego de equipo y su ya clásico "baile de Minia" después de cada gol. Una contribución a un branding nacional altamente positivo.
Esperemos que la prima de riesgo país para Colombia haya caído en todas las agencias aseguradoras de exportaciones... jejeje.
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