lunes, 19 de mayo de 2014

Negocios entre fogones

Bien original, el suplemento 'Dinero' de ayer en 'La Vanguardia'. Habla dicho suplemento de la monetización de un ámbito muy 'sui generis' como es la alta cocina. Ésta constituye un sector de gran renombre en el panorama español y mundial, tanto es así que se puede afirmar sin ambages que la nuestra es la mejor cocina del mundo, en un cambio de foco de Francia hacia el sur que ha tenido lugar en estos últimos años. La alta gastronomía no es solamente un sector en sí mismo, sino un ámbito con fuertes conexiones (y poder de inducción económica por tanto) en otros sectores como el turismo o la alimentación. 

Probablemente nuestra industria alimentaria tenga bastante que agradecer a nuestros grandes chefs: con el buen nombre de algunos cocineros o sus establecimientos se hace un co-branding que se extiende a muchas ramas de dicha industria alimentaria (lo reconoció hace años el mismo Ferran Adrià, quien dijo que detrás de un gran cocinero van los productos de su país). Lo mismo sucede con el turismo: aunque los turistas culinarios son muy pocos, ciertamente una buena gastronomía es un buen reclamo turístico y puede estar bien arriba en la lista de motivaciones de los visitantes de un territorio.

Choca sin embargo lo poco "business-minded" que son nuestros grandes cocineros. De hecho, y según uno de los titulares del reportaje, los grandes cocineros son "Empresarios a la fuerza". Hasta cierto punto todo ello es obvio: se cocina más con el corazón que con la razón, sobre todo si se hace cocina creativa. Pero hay que indicar el potencial económico del sector de la alta gastronomía para sacar los réditos que en justa medida le corresponden: los chefs o sus empresas en primer lugar, obvio, pero también la industria agroalimentaria que está detrás (reza el pretítulo del artículo mencionado: "El debilitamiento de la hegemonía francesa abre espacios a la industria agroalimentaria española") y, finalmente, por extensión la marca del país. 

Existen ya colaboraciones entre los grandes chefs y las marcas alimentarias, en especial las gastronómicas: vinos, aceites o quesos buscan aliarse a la gran cocina para exportar más. Sin embargo, esta internacionalización es algo lenta y topa con una mentalidad que mira excesivamente al mercado interior, de modo que temas como imagen o packaging fallan a veces.

Que los chefs vean más sus restaurantes como centros de arte que como máquinas de hacer dinero es algo perfectamente natural. Y eso mismo explica la magia de lo que ocurre en nuestra alta restauración. ¿Es una lástima que estos grandes creadores no estén en la lista Forbes? Personalmente creo que no. Y, a pesar del sesgo economicista del artículo que comento, los cocineros se mueven por otros valores y fines... lo cual, al final, no está mal porque no todo es el vil metal. Quien, en gastronomía, desea hacerse rico, sabe que hay otros caminos y maneras de hacer y a lo mejor está bien así: dejar a quien quiere ser artista que lo sea y dejar que quien vea el sector gastronómico como una inversión con retorno pueda hacerlo también. 



miércoles, 7 de mayo de 2014

Sin visado de Colombia a la UE

Salta estos días a los medios la noticia de que la UE ha aprobado el reglamento que libera de visado a los colombianos que quieran viajar a Europa (es decir, a la zona que forman los 26 países que han suscrito el acuerdo de Schengen). La medida afecta a otros países como Perú o pequeños estados caribeños. Excelente noticia, que habrá hecho saltar de gozo en el cielo a García Márquez, quien hace trece años se opuso férreamente a la introducción de visado (él y un nutrido grupo de intelectuales de ambos lados del mar). Las buenas noticias vienen con sus respectivos jarrones de agua fría, y así se nos dice también que, con el informe de los técnicos europeos por hacer, y la renegociación de tratados y demás, el proceso puede durar unos dos años. Viva la rapidez burocrática. Parar entonces, García Márquez ya habrá sido beatificado, por lo menos...




miércoles, 23 de abril de 2014

Improving...

Right, we are improving. Our exports making small but confident steps. We're best since records began. Not bad. Read it here

martes, 15 de abril de 2014

"Fabricamos cosas, señora"...

Lecturas de finos observadores el pasado fin de semana. Joan Vila, columnista de Girona, se sumerge en la historia económica del país para concluir que la cultura industrial que llevamos los catalanes tan enraizada -contrariamente a la castellana de la subvención- es nuestro actual salvavidas, a pesar del eterno expolio fiscal, ya que hace que nuestras macrocifras no sean tan desastrosas como la media española. Parece que poco ha cambiado en estos tres siglos, desde los años previos al famoso 1714. Concluye Vila que, pase lo que pase, debemos continuar produciendo.

Enlazo esto con otras agudas observaciones de Raimon Aymerich, economista y columnista, un autor también muy a favor de la industria, que cuenta la anécdota de una reunión entre Helmut Kohl y Margaret Thatcher allá en los años 80. Esta última acababa de mandar al garete a toda la industria de su país transformando el Reino Unido en una plaza fuerte de finanzas y servicios. Pues bien, la Dama de Hierro preguntó al canciller alemán la razón de la fortaleza del marco alemán respecto a otras monedas europeas. Y Kohl le respondió con toda tranquilidad: "Es que nosotros fabricamos cosas, señora..."




domingo, 13 de abril de 2014

Retail: afinando en el consumo de los hogares en tiempos de crisis


El consumo siguie en mínimos pero según algunos medios se atisban ya algunos signos de mejora. Hamdulilah. La recuperación del consumo es el último escalón que refleja un cambio de ciclo y por lo tanto podemos congratularnos. Vienen estas consideraciones sobre todo de la gran distribución (poca broma, un 10% de nuestro PIB y por cierto bien intensiva en mano de obra, en estos tiempos de alto paro).

El patio es que, con tantos parados, los inmigrantes de vuelta sus países y nosotros mismos emigrando, se impone la racionalidad extrema entre los consumidores, con el deso de autenticidad y de volver "a los valores de antes". Se pide pues un cambio de mentalidad: el cliente no es un número sino una persona-ciudadano. Ahí está la oportunidad para el comercio de barrio o de proximidad, que supera en esto a la anonimidad de las grandes superficies cuyo amplio surtido no se valora tanto en tiempos de crisis. Internet continúa impactando: en las tiendas de electrodomésticos aparecen clientes expertos ("prosumers") que saben mucho del producto que van a buscar -- incluidos los precios de la competencia. Fundamental el precio en épocas de crisis ya que el consumo del non-food ha caído un 45% en los últimos 5 años en España. ¿Remedio a todo esto? Dar más y más valor añadido al producto. Los únicos segmentos de producto que crecen son los innovadores, como las cápsulas de café o las nuevas ginebras, éstas con un aumento del 60%. Ahí el consumidor -o un segmento de la población por lo menos- está dispuesto a pagar un plus. La innovación permanente en el cosumo tiene que ser una realidad ya que los nuevos hábitos han llegado para quedarse. La gran distribución, pues, deberá de hallar los medios para "hacer sentir especial" a su clientela no tan sólo por la vía de grandes ofertas.

Hay dos tipos de consumidor actualmente en España: el que no tiene trabajo y por lo tanto hará una compra extremadamente racional y el que tiene trabajo y poco a poco vuelve a la compra emocional. Esto último es el 'plus', el margen de más de una economía. 

Los consumidores saben perfectamente que, cuantas más referencias tenga un establecimiento, más dinero se gastarán en él. Experiencia personal: cuenta de comida para una semana en gran superficie: 50 euros; en supermercado de barrio, 35 euros y en tienda de barrio 22 euros. Esto lo sabemos todos y cuando se trata de ahorrar y racionalizar acudimos a lo cercano (por cierto, con gran ahorro de gasolina y tiempo, pudiendo además espaciar las comprar durante la semana y convirtiendo la compra de food en una compra casi de convenience permanente).


domingo, 30 de marzo de 2014

Seguretat aeroportuària

El mes passat amb el meu col.lega tornàvem d'Alemanya després d'haver treballat dur uns dies a aquell país mirant de vendre els nostres productes -- i per tant, havent fet allò que hem de fer ara per salvar el país: exportar.

A l'aeroport de Frankfurt, de sortida, passem com sempre el control de seguretat. I vet aquí que en passar l'arc sona l'alarma. En mi cosa normal: sempre em deixo algun objecte estrany a les butxaques. En el meu col.lega no tant, ell normalment té un trànsit més àgil per aquests indrets.

Tot seguit, la cerimònia habitual d'entregistrament. Però en aquest cas amb una minuciositat de forense. Els nostres vestits furgats, els nostres cossos tocats (fins i tot més enllà del que la seguretat demana, entrant ja les mans dels"segurates" molt a prop de les zones íntimes nostres. Jo vaig sentir uns dits lliscar cintura avall, molt avall, i el meu col.lega em diria després que fins i tot li van tocar les seves parts diferencials. Jo em pensava: si em toca un centímetre més avall, li clavo una plantofada. No vam arribar a tant, ni l'agent ni jo. Però vaja, se surt de la zona de seguretat amb la sensació que algú t'ha rebregat fins l'ànima.

El que sorprèn no és tant aquest show, sinó el fet que, com tothom sap, a cada país europeu les regles són diferents: de sortida d'un país vaig arribar a passar -sense adonar-me'n- un tallaungles a l'equipatge de mà. Sortint d'un altre vaig haver de tenir discussions metafísiques amb un segurata sobre si els 90g de mel que duia eren líquid o sòlid (vaig acabar facturant la mel i essent la mel l'únic bulto que van repartir a l'aeroport d'arribada. Era un vol de radi molt curt, i va ser tot un orgull tenir una cinta tota per a mi...). El que vull dir és que seria molt important, per una fluïdesa general de les coses, i del comerç i el turisme encara més, que a tot el nostre estimat continent hi haguéssin els mateixos estàndards de seguretat. Això seria un pas endavant per a tothom, perquè tothom es regiria pels mateixos paràmetres i sabria exactament per on van els "tiros". Crec que encara no som prou conscients que un bocinet del nostre PIB es queda entre escàners.

Viatjar amb avió ja fa temps que és una llauna. Les empreses han estandarditzat primer, i comodititzat després, tot el que fa referència al transport aeri de passatgers. I a més, per tot el reguitzell de mesures que se suposa són per a la nostra seguretat -no ho sé- i acaben sent un gran emprenyament -això sí que ho sé-.

Per tot plegat, cada vegada que escolto el clàssic "relax and enjoy your flight" quan ja estem a bord i ens hem enlairat, em sona com una gran ironia: aquí no hi ha on relaxar-se i l'únic que penses quan, anant per l'autopista albires el teu aeroport de sortida, és "tant de bo que tot passi bien depressa".

miércoles, 26 de marzo de 2014

Consejos Recurrentes sobre la Internacionalización

LV publicaba domingo pasado otro de sus "sermones cíclicos" de un sesudo autor (creo que era el jefe de estudios de un gran banco, no me acuerdo) recomendando exportar y exportar para salir de la crisis. Nada nuevo. Hay que innovar y dar así valor añadido a nuestras exportaciones, puesto que masa no falta pero se echa en falta VAB. Nada nuevo pues. Lo que sí fue interesante (por repetitivo que sea un sermón siempre habrá alguna idea nueva aunque ésta tenga que buscarse con lupa) fue la idea de que el Gobierno no sólo debe facilitar la cosas con leyes y financiación adecuadas (vale, vale, ahora viene lo nuevo:) sino que debe de crear unas condiciones de competencia lo más fuerte que se pueda dentro del país, para así estar preparados a la hora de enfrentarse a los mercados exteriores. Fantástica idea, esta de ver la economía nacional como un "pool" de entreno y depués salir al cruel mundo a vender. Me ha gustado y le doy vueltas desde hace unos días. Lo dicho: en todo sermón repetitivo hay algo nuevo. Lástima que el sesudo predicador no haya abundado en esta idea, porque con la cantidad de monopolios u oligopolios más o menos encubiertos que hay en muchas economías (entre ellas la nuestra) seguro que se iba a caer más de un santo de su pedestal....